En esta obra aflora el tono más grave y moralista de Molière. En ella el comediógrafo francés desvela la hipocresía y la falsa devoción de un personaje que, infiltrado en una familia burguesa y convertido en su director espiritual, somete a todos sus miembros bajo su despótica férula, tras anular la voluntad del ingenuo cabeza de familia. La codicia y la lujuria desmedidas de Tartufo acaban, no obstante, por provocar la caída del impostor.






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