Pablos, hijo de un barbero ladrón y de una alcahueta y prostituta, narra en una carta su agitada vida a principios del siglo xvii. Así presenta Quevedo este clásico del Siglo de Oro, como una autobiografía picaresca que es, a la vez, testimonio grotesco de una España por la que pululan personajes tan inolvidables como el dómine Cabra o el tío verdugo de Pablos. Quevedo presenta, así, su visión irónica y descarnada de la sociedad de la época.






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