En esta obra cumbre del teatro clásico, la mente ordenada y rigurosa de Calderón fue capaz de aunar todos los elementos que conformaban la comedia nueva y de crear una pieza filosófica y doctrinal, emblemática y simbólica, de excelsa altura lírica, aunque a la vez, atenta a la problemática sociopolítica de la monarquía y sensible a los lances del amor y del honor. El drama personal de Segismundo alcanza, así, cotas de símbolo universal del hombre.






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