En 1614, Cervantes vio con disgusto cómo se publicaba una continuación de las aventuras de don Quijote firmada por un tal Avellaneda. Unos meses después, el autor daba a la imprenta la verdadera segunda parte de la novela con el propósito de restituir su dignidad a don Quijote y Sancho, transformados en unos monigotes ridículos por Avellaneda, y el afán de hacer nuevamente las delicias de sus lectores.






Comentarios