La capacidad de observación y el talento deductivo de Sherlock Holmes relucen en estos dos relatos subyugantes. En el primero, el famoso detective resuelve un asesinato gracias al ingenioso desciframiento de un criptograma; en el segundo, emplea su perspicacia para desechar las pruebas que acusan al presunto culpable e identificar al verdadero asesino.






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