Amarga y desoladora, pero también abierta a la esperanza, El tragaluz es una de las mejores obras del dramaturgo. Al principio del drama, dos investigadores pertenecientes a un futuro muy lejano se dedican a rescatar sucesos del pasado por medio de unos detectores electrónicos. Su propósito es divulgar la historia de hombres y mujeres que ya no existen para que nadie repita los errores que la humanidad cometió en otro tiempo.






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