Aplicado a la redacción de una crónica del “turbulento periodo” que vive su país, una dictadura caribeña, Luis Pinedo, el narrador de Muertes de perro, presenta una compleja imagen de la realidad a través de una superposición de perspectivas que se suman, corrigen y matizan. A medida que la novela progresa, se desvanece en el lector la ficción de la historia de Pinedo y cobra vida una historia menuda, pero más reveladora de la condición humana.






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